Murano

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Con una población de alrededor de 30.000 habitantes, la isla de Murano es la más grande de la laguna veneciana, y si por algo es famosa en el mundo entero es por su célebre cristal, el cual es de una calidad inigualable y muy apreciado en el sector del lujo, dado que es sinónimo del refinado y tan demandado estilo italiano, exportándose a todo el mundo desde esta pequeña isla veneciana donde dicho arte se inició en el siglo VIII.

Se dice que la tradición de objetos de vidrio se remonta al antiguo Egipto, desde donde llegó a los romanos, quienes lo utilizaron como elemento decorativo para las casas de los patricios y gente noble. Sin embargo tuvieron que pasar aún muchos siglos antes de que, gracias a la influencia árabe y asiática, se desarrollase el arte que hoy en día conocemos y que nació en Venecia cuando, para prevenir los incendios en tierra firme causados por el proceso de elaboración del vidrio, ya que la mayoría de casas de la ciudad eran de madera, Murano fue elegida como fábrica flotante.

Durante siglos, los vidrieros de Murano han mantenido un estrecho monopolio con respecto a la calidad y el proceso de elaboración del cristal en sus diferentes variedades: millefiori, cristallino, esmaltado, lechoso, etc., e incluso llegaron a redescubrir las técnicas para la elaboración de los antiguos cristales romanos, las actuales “murrinas”.

Al ser el cristal el principal negocio de la isla, es muy normal visitar alguna de las múltiples fábricas y talleres de cristal que existen  para ver cómo se sopla el vidrio y se trabaja el material, además de tener la posibilidad de comprar algún souvenir de recuerdo de la experiencia si nos apetece. Sin embargo, lógicamente, y para preservar los antiguos secretos artesanales de la elaboración de los cristales de mayor calidad, las fábricas y talleres más importantes no están abiertas al público, ya que los artesanos guardan celosamente sus técnicas para evitar que algún competidor las pueda copiar.

Una visita muy interesante es la del Museo del Vidrio, situado en el Palacio Giustinian, donde se pueden admirar más de 4.000 piezas entre las que se encuentran frascos fenicios, cálices, espejos y cuentas de caleidoscopio. La pieza más importante de la amplia colección es una imponente lámpara de araña de cristal de 330 kilos de peso.

Pero Murano no es solamente la isla del vidrio, ya que allí también se encuentra una de las iglesias más antiguas de toda Venecia: la Basílica de Santa María y San Donato. Su origen data del siglo VII, habiendo sido reconstruida en el siglo XII y restaurada en el siglo XIX. Es una de las mejores muestras del estilo Veneciano-Bizantino que se pueden apreciar en nuestros días, lo cual la ha convertido en  la atracción más importante de Murano tras las fábricas de cristal. El interior de la iglesia es famoso por su gran techo y sus suelos de mosaico, con ilustraciones de multitud de criaturas.

Para llegar a Murano desde Venecia la mejor manera es utilizar el “vaporetto”, a través de las líneas 41, 42, DM y LN.

– Daniel García

 

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