La Cueva de Can Marçà

Cueva de Can Marçà

Cueva de Can Marçà

Seguramente conocerás bien el lado más lúdico y turísticamente tradicional de Ibiza: sol, playas y lugares de marcha nocturna con gente guapa. De hecho la isla tiene gran fama en todo el mundo por la belleza de sus calas y playas y por la calidad de sus aguas, así como por sus fiestas y discotecas, que proporcionan entretenimiento non-stop en cualquier momento del día. Sin embargo, Ibiza ha tenido también desde hace décadas otra cara más espiritual, mística, reflexiva, y sobre todo de contacto con la naturaleza.

Es por este motivo por el que hoy te queremos recomendar una visita que te pondrá en contacto con esa otra parte más natural de la “isla blanca”, que no en vano cuenta con 85,64 km² de su territorio declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde el año 1999, y te brindará la oportunidad de conocer un poquito mejor este maravilloso lugar. Nos referimos a la cueva de Can Marçá.

Situada en un magnífico enclave natural de la parte septentrional de Ibiza, en los acantilados entre la espléndida bahía de la playa del Port de Sant Miquel (también llamado Port Balanzat) y la playa de Benirrás se encuentra la fantástica cueva de Can Marçà, localizada a unos 20 kilómetros de Ibiza ciudad, a 23 kilómetros de Santa Eulàlia des Riu y a 25 kilómetros de Sant Antoni de Portmany.

La entrada a la cueva se encuentra a una docena de metros sobre el nivel del mar Mediterráneo, y se accede a ella a través de un camino tallado en la propia roca desde donde se inicia la visita subterránea. Desde este primer mirador se puede contemplar una magnífica perspectiva de la bahía del Port de Sant Miquel, con la isla Murada al fondo, en la cual habita una especie endémica de lagartija de colores intensos y formas prehistóricas.

El interior de la cueva representa un lugar de interés geológico extraordinario y posee una superficie de 8.500 metros cuadrados, con una longitud aproximada de unos 350 metros en los que encontraremos una gran variedad de estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, y otras rocas calizas que datan nada menos que del periodo Cretácico, hace más de 70 millones de años. En varios rincones de la cueva se han encontrado huesos fósiles de algunas especies animales prehistóricas.

El camino es ascendente en la mayor parte del trayecto, en el cual podremos contemplar lugares fascinantes como la Sala de Entrada, el Templo de Buda, la Sala de la Cascada (donde se puede disfrutar de un magnífico espectáculo de agua, luz y sonido), el Lago de los Deseos (cuyas aguas están coloreadas con fluoresceína), y las Galerías Secas que nos conducirán hasta el túnel que da salida a la cueva.

Anímate a acercarte a este maravilloso enclave natural porque sin duda te dejará con la boca abierta y te proporcionará otra visión de Ibiza que sin duda te enamorará.

– Daniel García

 

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